La historia, proceso continuo sin fin


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Escribe: JOSÉ LUIS AYALA | Cultural - 08 ene 2017

Cuando el politólogo norteamericano Francis Fukuyama (27 de octubre de 1952 / Chicago), publicó su libro “El fin de la historia y el último hombre”, en una edición a cargo de Free Press en 1992, fue traducido casi simultáneamente a más de veinte idiomas. Inmediatamente, el libro se convirtió en el sustento político, ideológico y estratégico para desarrollar la idea de la “Aldea global”. En consecuencia, el sistema se fortalecería con una nueva forma de expansión mundial y a ese hecho se llamó globalización. Luego Francis Fukuyama publicó “Los orígenes del orden político” (2011) y otros libros más que se refieren a economía y política dominante.

En abierta contradicción con Carlos Marx, quien sostuvo que la lucha de clases es el motor de la historia, Francis Fukuyama, inspirado en Hegel, sostuvo que el motor de la historia es el conocimiento. De esa manera habría llegado a su fin una historia de la violencia y se imponía una era distinta con el pleno ejercicio de los Derechos humanos. En consecuencia, ya no habría más violencia ni enfrentamientos sociales, menos ideologías reivindicativas; se impondría, más bien, una nueva utopía: la política y economía de libre mercado.

Después de analizar el derrumbe de gobiernos inspirados en el pensamiento marxista, propuso que se impondría el liberalismo democrático. Es decir, la perversa ideología inhumana del liberalismo democrático como pensamiento único y hegemónico. En otras palabras, las ideologías serían sustituidas por la economía y se impondría la ciencia, las investigaciones y nuevos descubrimientos. Pero ese futuro ya lo hemos vivido y ahora es el pasado, teniendo en cuenta que empezamos a vivir en un mundo distinto al que Francis Fukuyama ideó y tuvo tantos repetidores en su errada propuesta.

El llamado neoliberalismo y la teoría de Fukuyama de hecho aparecieron en franca contradicción con el pensamiento de Fernand Braudel, historiador francés que revolucionó el pensamiento histórico del siglo XX. A través de la llamada Escuela de de Los Annales, propuso la teoría de la larga duración de la historia, en la que mucho tiene que ver la economía y la geografía. Después se incorporó a los mitos, leyendas, culturas, idiomas, conflictos sociales, etc., etc. De ese modo se construyó el concepto de Historia total. No será necesario extendernos más sobre este tema porque se basa en la dialéctica y no el mercado.

Mucho más acertado que Francis Fukuyama estuvo Oswaldo de Rivero, a través de su libro: “El mito del desarrollo, los países inviables del siglo XXI”, publicado en el 2001. El diplomático peruano señaló que el Banco Mundial diseña la economía del Estado Peruano. Aseveró el evidente proceso de “desproletarización” en muchos países, como la desaparición de la clase obrera y burocracia. La ausencia total de sindicatos, federaciones de trabajadores, aparición de trabajos temporales y proliferación de salarios paupérrimos. Un acierto fue haber constatado la aparición de una gran violencia delictiva, tal como vemos que crece más cada día.

¿Habrán leído estos libros Alberto Fujimori, Alejandro Toledo, Alan García y sobre todo Ollanta Humala? No. ¿Y los ministros de economía? Menos. Oswaldo de Rivero asevera que la economía del Perú se administra desde las asesorías del Banco Mundial y los expertos determinan el rumbo que debe tener. De Rivero no es precisamente un antisistema, un caviar y mucho menos un equivocado analista; es sobre todo un calificado y culto funcionario internacional, con el que se puede coincidir cuando se trata de defender las riquezas del Perú frente al saqueo de las transnacionales.

Entonces, ¿qué nos espera a la gran mayoría de peruanos, que las ciencias sociales ahora llama “ciudadanos de a pie”? Pedro Pablo Kuczynski, como buen exfuncionario, exnorteamericano, lobista y economista neoliberal, se alineará con el Banco Mundial. Aplicará las recetas que reciba cualesquiera sean los ministros de economía. ¿Tiene acaso PPK el compromiso de mejorar sueldos y salarios que se pagan en el Perú? Ninguno. Los jubilados ya pueden empezar a morirse a partir de ahora (Año nuevo, muerte nueva), porque si pasa más tiempo todo será más caro.

No hay necesidad de hacer un recuento de hechos que marcaron el fin de una época y el comienzo de otra, desde que Adam Smith escribió: “La riqueza de la naciones”, han transcurrido más de doscientos años. Todo cambia, todo se sucede y nada es eterno. A Francis Fukuyama ahora no le importa lo que sucede o suceda. Seguramente no escribirá un libro de análisis para reconocer que se equivocó y que su teoría ha hecho mucho daño a gran parte de la humanidad. ¿Qué les dirá ahora a sus empleadores tan generosos y promociones de alumnos?

Lo que ha sucedido marca sin duda el inicio del fin de la era del neoliberalismo. La renuncia de la Gran Bretaña de continuar en la Unión Europea y sobre todo a la libre empresa; a ese hecho sí se le puede llamar el fin de la historia. De una historia impuesta para el empobrecimiento de naciones coloniales, cautivas y prisioneras. Habría que preguntarse, ¿cuántos muertos ha acumulado el Perú en nombre de la inversión extranjera y el desarrollo? ¿Hasta cuándo los gobernantes del Perú no tomarán conciencia del rol histórico que les corresponde?

El neoliberalismo tuvo como respuesta los grandes procesos de descolonización de la idea dominante, hubo un retroceso de organizaciones sociales que defendieran sus derechos. Pero de pronto los jóvenes salieron a las calles y plazas para demostrar el hastío social contra la delincuencia, caos social, corrupción, repartijas y sobre todo la amenaza de una dictadura que ahora tiene una mayoría de congresistas. Los jóvenes que siempre son la reserva moral de una nación, deberían, no obstante, organizarse de modo que tengan derecho a participar plenamente en política.

¿Cómo entonces decir “feliz año nuevo 2017”? Resulta una burla cuando un escritor tiene conciencia social y, además, resulta imposible engañarse. Sin embargo, habrá que aceptar los desafíos del siglo XXI. Precisamente es en medio del desencanto social y la anomia que crece la fe en el Perú esencial, sideral y cósmico. Sobre todo en los movimientos regionales, que han surgido con tanta fuerza y convicción; ahí hace mucha falta, sin embargo, un dialéctico proceso de ideologización.


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