Gamaliel Churata cosmopolítico


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Escribe: Christian Elguera | Cultural - 26 feb 2017

¿Hasta qué punto la crítica literaria indigenista no resulta otra forma de re-colonización? Y es que, finalmente, sigue pensando al “otro” dentro de la nación. La nación, la democracia, la peruanidad como único horizonte posible para las comunidades indígenas.


En Crítica de la razón postcolonial, Gayatri Spivak especifica que para hacer frente al control del conocimiento de un poder hegemónico, no es suficiente plantear un discurso de contracorriente. Esto se debe a que esto podría reducirnos a la dicotomía, a la fácil oposición entre grupos dominantes y dominados, y sobre todo volvernos cómplices de la maquinaria colonial. Por ejemplo, el campo de estudios andinos, en un nivel literario, ha estado embebido por una tendencia muchas veces colonialista. Este colonialismo ha consistido en el círculo vicioso de los análisis de la forma o en una celebración de lo estético en su sentido más inmediatista.

Habría que pensar hasta qué punto la crítica literaria indigenista no resulta otra forma de re-colonización, pues finalmente sigue pensando al “otro” dentro de la nación. La nación, la democracia, la peruanidad como único horizonte posible para comunidades indígenas. En este punto la tesis de maestría de Cesar Lopez, titulada A proposta estético-política em O Guesa de Sousândrade e El pez de oro de Gamaliel Churata, resulta un aporte para replantear un área de estudios y para ir formulado ese discurso imposible del que habla Spivak.

Esta tesis plantea una lectura cosmopolítica de El pez de oro de Gamaliel de O Guesa del escritor romántico brasileiro Joaquín de Sousândrade. Las aproximaciones de Lopez a El pez de oro permiten entender la aplicación de conceptos deleuzianos y la teoría cosmopolítica de Viveiros de Castro para leer un corpus narrativo peruano que nos habla ya no solo de un mundo humano-letrado. La escritura de Lopez precisa la necesidad de un desborde critico-político en nuestro campo literario, las más de las veces estratificado en las “bellas letras”.

La concepción de cosmopolítica que plantea Lopez destaca, y a la vez encuentra su propio límite, en una reformulación culturalista. Es decir, erosiona una vertiente que hasta ahora solo ha atendido un diálogo entre lógicas y epistemologías quechua-aymaras de un modo inclusivo acorde con la fácil celebración del hibridismo o el plurismo liberal. Lopez le tuerce el cuello al culturalismo, sin embargo la tesis misma, precisamente por metodología, se mantiene aún, en ciertos aspectos, en el juego de las reificaciones.

Este enfoque permite una comprensión de Churata que rehúye las consensuales representaciones. Para Lopez, Churata no es ni un purista radical ni un autor indigenista. Él lo considera un traductor. Y en este proceso traductivo radica la potencia churatiana. No solo estamos ante una traducción a nivel formal, a través de un reordenamiento genérico-textual, sino que presentiza una traducción de sistemas políticos. En este punto, a partir de la traducción, Lopez propone la función de los intermediarios diplomáticos. Es decir, Churata está concretizando en el espacio letrado no solo una representación del otro sino sus expresiones políticas.

Esta lectura, que conecta la estética y la política, articula un pensamiento relacional acorde con las cosmovisiones andinas. Hablar de un pensamiento relacional es entender la cosmopolítica como un proceso de traducciones que hace presente, de modo afectivo, las relaciones entre humanos y no-humanos que son el basamento del socius andino. En este punto vale volver a otro concepto que Lopez propuso en su tesis de licenciatura sobre Rosa Cuchillo. Me refiero al concepto de artesano cósmico. Los autores de textos cosmopolíticos, más allá de un indigenismo heterogéneo, realizan una intermediación que no es solo lingüística, sino que, como en un ritual, concretizan la dinámica de una política-no humana. Esto es lo que también hacen Arguedas en “A nuestro padre creador Túpac Amaru” y César Calvo en Las tres mitades de Ino Moxo. El desafío cosmopolítico entonces es como reconocer y potenciar la “naturaleza política” de agentes no-humanos. En El pez de oro ahí tenemos a los achachilas, al hombre-llamo, ahí tenemos la batalla del espanto con su propio orden de poderes.

Este enfoque finalmente pertenece al mismo paradigma de lucha que tuvo Churata: tensionar las discusiones culturalistas hasta desbordarlas. Esto es lo que hace que tanto el crítico como el autor de El pez de oro tengan que ser entendidos como bisagras hacia una auto-representación política. Es el siguiente paso. Churata, como Sousândrade, no dejan de pertenecer a un campo de poder literario. Pero su foco de atención y el modo en que regulan la estrategia narrativa, nos localizan en otro espacio de discusión. El espacio literario que va configurando Lopez, a través de su crítica, se ubica en la otra margen del indigenismo, en la otra margen del ficcionalismo latinoamericanista. Churata es ese pliegue donde se quiebra y opacan los debates y reivindicaciones culturalistas, convirtiéndose por lo tanto en una grieta que permite ver, escuchar ya no solo aspectos cósmicos o estéticos, sino eso y algo más. El puente que se abre con la tesis de Lopez es comenzar una lectura de la autonomía política quechua y aymara.


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