Huelga magisterial, evaluación y neoliberalismo



Escribe: Los Andes | Educación - 03 sep 2017

La huelga magisterial ha servido para evaluar la incidencia referente a la aplicación de criterios impuestos por el neoliberalismo político y económico, pero sobre todo en la educación pública. Ha quedado demostrado que el presidente Pedro Pablo Kuczynski, Fernando Zavala -que funge de ideólogo- y la ministra de Educación, Marilú Doris Martens Cortés, no conocen ni entienden el problema educativo. Lo peor es que los maestros peruanos, una vez más, han sido maltratados por quienes deberían escucharlos, protegerlos, atender sus derechos y demandas justas. Así, se trata de un tema pendiente que después se manifestará con más fuerza y dureza.

El hecho que un maestro gane la cantidad de dos mil soles es una miseria, un insulto a su dignidad humana. Mientras que la ministra percibe un suedlo de treinta mil soles, el abismo de diferencia no solo es una agresión, es un tema de carácter ético y moral. Los tecnócratas del neoliberalismo que designan los haberes de los maestros peruanos, han decidido una vez más condenarlos por muchos años al ostracismo y más baja escala de proletarios sin esperanza. Se trata de una remuneración que no les alcanzará para realizar estudios en universidades, menos sostener a sus hijos en centros de formación superior, de modo que sean profesionales.

La huelga ha demostrado, al mismo tiempo, que los maestros peruanos están divididos en fracciones y ese hecho no solo los debilita, sino que además no les permite tener una solidez como frente de trabajadores con derechos laborales. Es verdad que el Movadef tiene una evidente presencia minoritaria, pero ese hecho es responsabilidad política del Estado, al no haber desarrollado una pedagogía capaz de demostrar que la violencia senderista ha causado mucho daño al tejido social y entrañas del Perú.

Y no es que los maestros peruanos tengan temor a ser evaluados. Se trata del sistema destinado a despedir a una gran cantidad de docentes con varios años de servicio y reemplazarlos por más jóvenes. De ese modo, se cumple con los mandatos del neoliberalismo: arrojar a la calle a quienes alcanzan derechos y llamar a quienes deben sustituirlos para no pagar la deuda social adquirida. Esa es la razón, en parte, por la que los maestros mantienen la huelga. Mientras que la ministra trata de imponer las reglas de juego en lo que llama evaluación, los maestros no regresarán a sus aulas.

Sin embargo, muy diferente sería el trato si los maestros presentaran un proyecto de un nuevo sistema educativo, de acuerdo a la realidad social, política y económica del siglo XXI. Es decir, un documento que además contemple la obligatoria necesidad de una permanente capacitación en universidades nacionales. Se establezca una forma de financiación económica, para quienes realicen investigaciones en relación a la educación que debería implementarse de acuerdo a la realidad social de cada región.

Mientras la evaluación tenga la amenaza de un despido legal, de una permanente y sistemática de hostilización vertical, los docentes no se sentirán seguros en sus centros laborales. El llamado sistema meritocrático es un arma de doble filo. De hecho, quien generalmente evalúa sabe menos que un docente con varios años de servicio. El director o directora de las escuelas, se convierten en una banda de sicarios, destinados a expulsar a docentes que no se alineen con sus ideas y costumbres.

No se trata de miedo a la renovación de conocimientos pedagógicos y científicos. Menos a la necesidad de una permanente asimilación de nuevas investigaciones educativas. Lo que sucede es que los maestros peruanos, no confían en la metodología, menos en el carácter punitivo de las pruebas que se les aplica. Entonces, ellos deberían crear un sistema de evaluación consensuado, debidamente discutido y presentarlo como alternativa al Ministerio de Educación.

Tal vez muchos docentes peruanos no sepan que quienes deciden el monto de sus salarios, destino como seres humanos y suerte de su descendencia, no es precisamente Pedro Pablo Kuczynski, Fernando Zavala y menos la ministra de Educación, Marilú Doris Martens Cortés, sino los tecnócratas estratégicamente ubicados en la banca internacional y la CONFIEP. Ellos ven la huelga de lejos y han decidido que dos mil soles son suficientes, absolutamente nada para docentes cesantes y jubilados, para quienes están acostumbrados a sobrevivir con poco. De esa manera se cumple con las reglas inhumanas que impone el neoliberalismo político y económico.

Para eso están los medios de comunicación, para desprestigiar al magisterio nacional en huelga y vincularlo con una ideología que la gran mayoría repudia. El hecho de que haya algunos docentes vinculados al Movadef, no significa que todos los maestros peruanos sean simpatizantes de Abimael Guzmán. La gran mayoría que mantiene la huelga, está muy lejos de un hecho que tanto dolor humano y muertes ha causado, cuyas heridas todavía no han cicatrizado.

Sin embargo, la idea de ideologizar la huelga del magisterio nacional no ha dado resultado. Es una antigua treta de quienes se niegan a discutir razones y ponen a ladrar a los perros feroces de turno. Es una receta tan antigua como la corrupción que roe las entrañas de agrupaciones políticas y sus líderes. Primero una huelga es declarada ilegal, luego se desconoce a sus dirigentes, enseguida se procede a contratar a personas sin ninguna experiencia pedagógica. Cuando los docentes regresan a sus aulas, a los contratados no se les reconoce ningún beneficio social.

Más allá de todos los sacrificios que vienen realizando los maestros peruanos, otra de las tareas que tienen es reorganizar el gremio magisterial. La división en fracciones no solamente los ha debilitado, sino que los ha limitado para realizar un trato directo, oportuno y necesario. Será una tarea política e ideológica difícil pero no imposible. Pero si logran proponer un nuevo proyecto histórico y un sistema educativo de acuerdo a la nueva realidad del Perú, será sin duda una razón para forjar una nueva unidad magisterial. ¿Por qué no discutir qué clase de educación debe tener el Perú? La respuesta la tienen los maestros, no los tecnócratas y cancerberos del neoliberalismo que tanto daño nos ha hecho al Perú. ¿Hasta cuándo?


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