Sed en Lima



Escribe: Rolando Waldo Gomez Poma | Opinión - 20 mar 2017

 Rolando Waldo Gomez Poma
Rolando Waldo Gomez Poma

Las comparaciones siempre son odiosas, pero en estos últimos días, a raíz de los huaicos e inundaciones, la ciudad de Lima sufre del abastecimiento de agua potable; la empresa responsable menciona que no se puede hacer el tratamiento de las aguas que llegan a la “Atarjea” porque es lodo y desechos sólidos, y es por ese problema que es casi imposible realizar los filtros necesarios para realizar el proceso de purificación del agua que llega a las plantas de tratamiento Chillón, Huachipa y la Atarjea. Los funcionarios de la empresa SEDAPAL, por eso, hicieron funcionar al cien por ciento los 270 pozos que tienen como reserva de agua, los que abastecerán a un caudal de siete metros cúbicos por segundo. Pero el problema no termina aquí, y es que la población que vive en la capital de la República, ya desesperada por la carencia de agua potable, está abriendo los hidrantes de agua contra incendios y muchos comienzan a desesperarse y se teme que pronto los saqueos sean el común denominador.

Si ese problema pasa en Lima y el norte del país, en nuestras zonas el clima es más benevolente y la bendita lluvia está regando los campos, lo que reverdece las áreas destinadas para el pastoreo de ganado y las sementeras comienzan a notarse briosos, de huaicos y otros problemas propios de la costa no podemos quejarnos porque estamos acostumbrados a vivir con las contingencia que nos prodiga la naturaleza, hace poco el campo estuvo soportando una fuerte insolación que las primeras siembras fueron pérdidas inobjetables y nuestros hermanos del campo nunca recibieron apoyo alguno; más al contrario, el Gobierno Regional y el mismo Gobierno Central siempre se mostraron indiferentes con esta realidad y los productores nunca lograron recibir algo de apoyo. Por el contrario, estas eventualidades sirven para que algunos “vivos” salgan de la pobreza económica y en corto tiempo aparecen con unos caudales que ni ellos mismos logran explicar la procedencia, pero como estamos en el país de las maravillas todo se puede arreglar “aceitando”.

Si por cuatro días sin abastecimiento de agua potable que vive Lima los pobladores empiezan a vivir en pánico (asaltan como pirañas los hidrantes de agua para los incendios y arrasaron con los bidones de agua envasada), qué podríamos decir de campesinos de Huata y Coata, poblados aledaños al afluente acuífero del sistema Ramis y otros, que viven a diario con la contaminación minera. En esas zonas no existe una planta de tratamiento de agua como la Atarjea, en esos lugares la población toma agua contaminada por desechos químicos y que las empresas tienen a similares que certifican lo contrario a lo que los campesinos denuncian. Alguna autoridad medioambiental, en una conferencia de prensa, enfatizó que es negativo la denuncia de contaminación por efectos de los relaves mineros y que la empresa minera hace el tratamiento adecuado de sus aguas negras. Entonces, no nos alegramos lo que pasa en Lima y el desabastecimiento del agua, sino que aquí las poblaciones rurales sufren del abandono y la modorra del Estado, los medios de comunicación que pertenecen al conglomerado económico más recalcitrante del país nunca toman en cuenta este problema y, al contrario, a ese poblador andino lo tildan de antiminero y contrario al desarrollo del país, y cuando quieren una réplica, estos mismos medios (concentración de medios) les cierran las puertas y continúan con la satanización.


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