De Palacio a prisión: las vueltas que da la vida


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Escribe: Luis Quito Rodríguez | Opinión - 17 jul 2017

Sobre el expresidente Ollanta Humala y su esposa Nadine Heredia era imperiosa la necesidad de una orden de prisión preventiva para evitar que fugaran, mientras se les investiga por los presuntos delitos de lavado de activos y asociación ilícita para delinquir.

El viaje fuera del país que hiciera hace unos días la madre de la ex primera dama,junto con las dos hijas mayores de la ex pareja presidencial,es un argumento serio para creer que Ollanta y Nadine tenían planificada una posible huida.

La fuga hubiera sido un modo grotesco de escapar del cúmulo de pruebas en su contra, que hacía que el cerco alrededor de ellos estrechara cada vez más.

Una fórmula más diplomática de escurrirse era mediante el asilo político y supuestamente contaban para eso con embajadas amigas, como Venezuela, Bolivia, Francia o Suiza. Los esposos tuvieron suficiente tiempo para entrar en contacto con funcionarios y autoridades de esos países. Entonces no es descabellado que ello sucediera.

Por uno u otro medio de escape, la pareja aparentemente buscaba alejarse del brazo de la justicia que no es nada largo en el Perú. Por eso y otros requisitos legales, como la vinculación entre la responsabilidad penal con el hecho delictivo, y que la pena de ser hallados culpables sería superior a los cuatro años de prisión, el juez Richard Concepción Carhuancho, del Primer Juzgado de Investigación Preparatoria tenía que admitir el pedido del fiscal provincial Germán Juárez Atoche y dictar prisión preventiva por 18 meses contra el expresidente de la República y su mujer.

Es cierto que esta es una medida estricta que le hace daño a la imagen del Perú en el exterior y que ya tiene un expresidente en prisión (Alberto Fujimori), y otro en calidad de prófugo de la justicia, como es el caso de Alejandro Toledo, quien aprovechando su libertad, dejó hace varios meses el Perú con el pretexto de realizar actividades académicas en Estados Unidos y para no regresar.

Hoy día Toledo es un prófugo de la justicia y tiene en contra más pruebas de su latrocinio que cuando se escapó, pero lamentablemente no puede ser capturado. Detener a un expresidente en cualquier país con fines de extradición es muy difícil. Hay, aparentemente, incompetencia de las autoridades judiciales peruanas para llevar a cabo este tipo de trámite.

Volviendo a Ollanta y Nadine, estos para evitar la prisión habían entregado a las autoridades sus pasaportes –sin los cuales no podían salir legalmente del país– y aseguraron que traerían de regreso a sus hijas a fin de mes. Fueron gestos, pero insuficientes para que el juez Richard Concepción mantenga la comparecencia a la pareja.

Además de la fuga, que aparentemente tramaban, está cada vez más claro que Ollanta y Nadine recibieron dinero de Venezuela y Brasil y que lo colocaron en las campañas presidenciales del 2006 y 2011, creando para ello aportantes fantasmas con los que cubrieron el origen ilícito de al menos 3 millones de dólares. Por eso, ha sido buena –y sobre todo valiente–la decisión del juez Concepción Carhuancho de mandar a la cárcel a la expareja presidencial que hace menos de un año vivía muy cómoda en Palacio de Gobierno. ¡Vueltas que da la vida!


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