Los amarres para sacarlo



Escribe: Abraham Valencia | Opinión - 25 sep 2017

A imagen y semejanza de su padre, Kenji Fujimori mantiene acciones propias y diferenciadas de su partido y que evidentemente están dirigidas a sectores populares. Están dirigidas al fujimorismo más “albertista” y hasta dirigidas a sectores de la sociedad civil antifujimorista que lo ven como un “liberal” dentro del fujimorismo. Acciones como apoyar los derechos de la comunidad de lesbianas y gay o salir con esparadrapo en la boca en el Congreso, están evidentemente dentro del marco de una buena campaña de marketing político. Kenji tiene un único objetivo político: Lograr que liberen a su padre. Y hay que decirlo, parece que tanto en imagen como en su objetivo, le está yendo bien.

Las noticias y rumores sobre la liberación de Fujimori cada vez son más fuertes. Si bien al gabinete en pleno el Congreso de la República no le dio la confianza y tuvieron que presentar sus renuncias, el presidente Pedro Pablo Kuczynski ha permitido que varios de ellos conserven sus puestos. Lo que sí llamó la atención de muchos fue la salida de Marisol Pérez Tello de la cartera de Justicia y el nombrar como nuevo ministro de dicha cartera a Enrique Mendoza, cercano al aprismo y quien, aparentemente, no ve con malos ojos la liberación de Alberto Fujimori. Recordemos que la exministra manifestó públicamente en más de una ocasión su oposición a dar el indulto al exdictador.

Además de lo de la ministra, el día de la juramentación del nuevo gabinete uno de los invitados protagonistas fue el propio Kenji Fujimori, quien no dudó en tomarse fotos con el presidente para poder difundirlas por sus redes sociales de internet y recordar que él también vivió en Palacio de Gobierno hace algunos años.

En días posteriores, el entorno del presidente ha vuelto a sugerir que la figura del “perdón médico” sería la adecuada para intentar que la crisis política no sea tan grande pues se apelaría a la conciencia pública aduciendo que es a un hombre mayor y enfermo a quien se le concede dicha gracia. En ese caso, al parecer tampoco habría oposición del nuevo ministro de Salud, el señor Fernando D’Alessio. Según algunas fuentes ya incluso tendrían al grupo de médicos que alistarían el expediente para avalar la decisión.

El presidente y su entorno más cercano siguen creyendo que el acercamiento a Kenji les garantiza poder llegar a acuerdos con cierto sector del fujimorismo y que, a su vez, una vez libre el padre, la relación con todo el “albertismo” pueda ser cordial y por ende eso se extendería a los “keikistas”. Si bien los principales asesores de Keiko consideran que la liberación de su padre no la beneficiaría directamente en este momento, es evidente que ella no puede oponerse públicamente a que ocurra y a decir de PPK y su entorno, hasta podría mostrarse agradecida y eso se reflejaría en las acciones de su bancada en el Congreso. El gobierno confía en que, posterior a la liberación de Fujimori, podrán mantener una buena relación con el fujimorismo en aras de la gobernabilidad.

La poca visión política del presidente y su entorno los está llevando a tomar decisiones que podrían ser erradas y que están basadas en lo que desean más que en un real análisis de lo que podría ocurrir y por lo que se ve, ni siquiera están tomando el actuar histórico del fujimorismo durante los últimos años o incluso bastaría ver lo que han hecho desde el Congreso los últimos 12 meses. Para el presidente es difícil diferenciarse del fujimorismo, basta recordar que en la segunda vuelta del año 2011, él apoyó a la entonces candidata Keiko Fujimori cuyo rival, Ollanta Humala, finalmente le ganó. En parte se entiende que al gobierno le sea difícil diferenciarse del fujimorismo pues ambos tienen los mismos intereses, ambos tienen una visión pro empresarial y una fuerte tendencia al lobbismo.

Preso por corrupción y por delitos contra los derechos humanos, probablemente el exdictador salga de su prisión el próximo mes o a más tardar en los días previos a la Navidad. El golpe contra la democracia estaría por llegar 17 años después de la caída de la dictadura y a apenas diez años de emitida su primera sentencia en contra. Una condena que muy probablemente no se cumpla y que deje sin terminar su castigo al séptimo presidente más corrupto de la historia mundial. Una liberación que busca que olvidemos crímenes como los de “Barrios Altos”, “La Cantuta” o “El Santa”, o que olvidemos los seis mil millones dólares que el fujimorismo y sus aliados robaron al Perú durante diez años. Lo llamen indulto o lo llamen “perdón médico”, al parecer el presidente olvida que el año 2016 le ganó la segunda vuelta a Keiko Fujimori porque la izquierda y el antifujimorismo decidieron votar por él; al parecer el presidente olvida que la mayoría del pueblo peruano le ha dicho dos veces no al retorno de aquellos que siguen negando los crímenes de la dictadura de los años noventa; al parecer el presidente también olvida que fue a él a quien elegimos para gobernar y no a la ex primera dama de la dictadura. Esperemos que finalmente PPK no olvide que el indulto no sería más que un insulto y que las calles no permitirán que una afrenta al pueblo peruano quede impune otra vez


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