Una lectura de la sociedad a través de los ojos de las mujeres



Escribe: Ana Lucia Núñez | Opinión - 08 jul 2018


Hace poco más de un mes la Plataforma Comadres fue invitada por IDEA Internacional a organizar un taller de reflexión conjunto ‘Mujeres y ciudad’, en el marco de la elaboración del documento Guía para una ciudad más habitable: ‘La Calle Está Dura’. A continuación, desarrollamos los principales denominadores comunes que se compartieron en el taller.

La calle como espacio violento de tránsito
Movilizarnos por la ciudad representa varios desafíos. Uno de ellos tiene que ver con un sistema de transporte que es violento. En este punto, tres ejes que destacaron fueron: (1) el diseño de la infraestructura deficiente, (2) el desempeño automovilístico poco regulado y (3) los medios de transporte alternativos a los formales, buses y combis, que representan el mismo peligro.

Hablar de diseño de infraestructura de transporte es hablar también de planificación en Lima, una ciudad que nació vulnerable, que no fue ni es planificada y a la que se le suman nuevas vulnerabilidades a causa del diseño pensado en el automóvil y no el peatón ni en quienes utilizamos el transporte público (Oxfam, 2015). En el taller, las participantes manifestaron que persiste el temor a usar transporte público y sufrir de acoso sexual o esperar mucho tiempo en un paradero que (además) se encuentra en mal estado, sobre todo, en hora punta. Como manifestó una de ellas: “hay una situación, de lucha cuerpo a cuerpo en la que siempre vamos a perder, con taco, falda, hijo, bulto”.

También se identificó la falta de educación vial de los conductores. En un estudio realizado por Tracklink [1], el 82% de los conductores peruanos evaluados maneja por debajo del nivel mínimo aceptable y se caracteriza por un estilo de manejo agresivo, causa principal de accidentes.

Por último, si alternamos otros tipos de transporte como taxis, el hacer uso del servicio a través de un aplicativo, por lo general, nos hace sentir más seguras que tomar taxi de la calle. Sin embargo, no dejamos de estar expuestas al peligro. Como comentaron las participantes del taller, se han reportado casos en los que los choferes utilizan los datos personales de mujeres que toman el servicio para acosarlas o cometer asaltos, violaciones, entre otros.

Uso restringido del espacio público: gradualidad de la violencia
Lima está considerada como la quinta ciudad más insegura para las mujeres [2]. Ello se confirma al analizar qué tan satisfechas nos sentimos con la ciudad en la que vivimos. Según la encuesta Lima Cómo Vamos al 2017, las mujeres nos sentimos menos satisfechas (33.90%) que nuestros pares masculinos (36.20%). El principal problema que afecta nuestra calidad de vida son la delincuencia y la inseguridad ciudadana (76.70%). La inseguridad ciudadana en el caso de las mujeres se refiere a que se sienten más vulnerables que los hombres, no sólo por el temor a que te roben sino a que te acosen, violen o te hagan tocamientos indebidos. Según la Encuesta Nacional Especializada Sobre Victimización 2017 [3], a nivel nacional urbano las mujeres representan un mayor porcentaje de victimización (26.7%) que los hombres (25.6%).

Por lo general, las mujeres tenemos una percepción distinta del espacio si es de día o de noche. De noche, los espacios desolados, poco transitados y sin alumbrado público representan un riesgo. Es decir, existe una transitabilidad restringida de nosotras que está condicionada por la percepción del espacio en función de la temporalidad. A nivel nacional urbano, el 77.3% de mujeres se sienten inseguras o muy inseguras caminando por sus barrios en la noche [4].

Si hablamos de la delincuencia, más mujeres manifiestan haber sido víctimas de un robo mientras caminaban por la calle, estaban en un local, en un transporte público o particular [5]. Frente a esto, algunas optamos por usos alternativos de transporte; entonces, si eres mujer y quieres transitar en la ciudad con la sensación de que vas a llegar sana y salva a tu destino, debes contar con un presupuesto aparte para pagar un taxi “seguro” o eventualmente comprar un auto propio. Este costo no es solamente económico sino también temporal y social. En el taller se detectaron algunos horarios seguros pero no confiables en los que las mujeres podían transitar en la ciudad. Además, para calificar un espacio como seguro se tenía que tomar en cuenta tres factores: horario, ruta y tipo de transporte.

Y ni hablar del acoso. 3 de cada 10 mujeres en Lima Metropolitana sufre de acoso sexual callejero y 32.80% han sido víctimas de acoso callejero en el transporte público [6]. Ante esto, es imperativo que haya una mayor fiscalización por parte del gobierno y que el tema sea tratado como problema público. Además, debería estandarizarse un protocolo de respuesta inmediata para todos los medios de transporte desde la Municipalidad Metropolitana de Lima y replicar buenas prácticas identificadas [7] en contextos similares.

Como vemos, la configuración política del espacio explica el uso del mismo. En esa línea, el uso del espacio da cuenta también de una relación de dominación.

Transversalidad del género
No sólo somos mujeres, no se trata sólo de nosotras, no es sólo por momentos y va más allá de lo privado.

El factor de discriminación por ser mujer se acrecienta si vemos las otras directrices constitutivas de nuestra identidad: embarazada, discapacitada, trans, serrana, rural, desplazada, quechuahablante, etc. Además, no sólo se trata de nosotras. Pongámonos en este escenario, estamos frente a una situación de agresión en la calle, de la mano de nuestra hermana menor, ¿cómo actuamos?, ¿qué decimos?, ¿qué hacemos?, sobre nosotras recae una responsabilidad pedagógica: qué marca le dejamos a la otra persona. Y, no es algo ocasional, sucede a diario, combatimos el machismo día a día y, por último, muchas veces esto deviene en que terminamos excluyéndonos de participar en el espacio público por temor a lo que nos pueda pasar.

En ese sentido, las acciones pendientes para la ciudad deberían estar pensadas también en función de las necesidades de las mujeres. A continuación, algunas líneas propuestas en el taller: creación de una sola autoridad de transporte público que trabaje la transversalización del enfoque de género, fiscalización de paraderos que cumplan con estándares mínimos que garanticen seguridad, certificación del transporte para que las mujeres puedan identificar qué transportes son seguros o no mediante incentivos a los conductores, incremento de la presencia de mujeres en el cuerpo laboral de servicios de transporte, mayor fiscalización de las capacitaciones a choferes sobre el acoso callejero, entre otras.

NOTAS

[1] Según El estudio de Comportamiento de Manejo de Lima de Tracklink en 2017.
[2] Según la encuesta anual de la Thompson Reuters Foundation de 2017 que recoge la percepción de algunos expertos entre 19 megaciudades del mundo, referidos a temas como: violencia sexual, acceso a la salud, prácticas culturales y oportunidades económicas. Más información en: http://poll2017.trust.org/
[3] Encuesta realizada a todas las personas de 15 años a más residentes del área urbana de las 24 regiones del país y la Provincia Constitucional del Callao.
[4] Según la Encuesta Nacional de Victimización 2017, eso afectó más a las mujeres que a los hombres (69.4%).
[5] Según la encuesta Lima Cómo Vamos 2017, 26.60% de mujeres manifiestan haber sufrido robos callejeros frente a un 22.28% de robos a hombres.
[6] Según la encuesta Lima Cómo Vamos 2017.
[7] En el taller se detectaron las siguientes: servicio de mensajería instantánea para denunciar el acoso en el transporte público en Quito, Ecuador y el uso del WhatsApp como línea abierta para generar una red de denuncias a nivel local.


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