Renegociación del TLCAN pone en riesgo la seguridad de Estados Unidos

GOBIERNO MEXICANO PONE EN JAQUE A DONALD TRUMP



Escribe: REBECCA BILL CHAVEZ | Sociedad - 03 dic 2017

Salió directamente de la boca del secretario de Relaciones Exteriores de México, Luis Videgaray, a quien algunos consideran el miembro más influyente del gobierno del presidente Enrique Peña Nieto: si el gobierno de Trump rechaza el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), habrá un debilitamiento de la cooperación entre Estados Unidos y México en el tema de seguridad y de la colaboración respecto de la migración.


Hasta hace poco tiempo, el gobierno mexicano tan solo había insinuado que la cooperación en el tema de la seguridad estaba sobre la mesa. Es momento de que los estadounidenses tomen en serio la advertencia, pues el próximo año habrá elecciones en México y el sentimiento anti-Trump sigue creciendo, lo cual ha generado que la sociedad con Estados Unidos tenga un costo político creciente y que aumente el apoyo para el candidato presidencial nacionalista Andrés Manuel López Obrador. La encuesta de AmericasBarometer demuestra que la desconfianza de la población mexicana hacia Estados Unidos aumentó del 31 al 84 por ciento tan solo tres meses después de que fue elegido Donald Trump.

Muchos analistas están preocupados de que el lenguaje despreciativo del gobierno de Trump y su postura respecto del tratado, la inmigración y el muro amenacen las relaciones políticas y económicas de su país. Sin embargo, también está a prueba un tercer pilar central del vínculo: la relación bilateral de defensa y seguridad. Un deterioro de la cooperación de Estados Unidos en el tema de defensa amenaza la estabilidad y la seguridad de nuestro hemisferio en áreas que van desde el tráfico ilícito hasta la desestabilización a causa del crimen y la violencia, pasando por las crisis humanitarias ligadas con la migración.

La manera en que se han ido desarrollando estas situaciones es desafortunada, pues el presidente Trump heredó una relación de colaboración excepcional en el ámbito de la defensa. La disposición y la capacidad de México para asumir una buena parte de la carga de seguridad, no solo en el hemisferio occidental sino también a nivel mundial, facilitó esta cooperación. El ejército mexicano es cada vez más activo en foros internacionales, al desarrollar trabajos preliminares para futuras misiones militares en el exterior, entre ellas la cooperación con las Naciones Unidas en las operaciones dedicadas a mantener la paz. Después de ocho años de iniciativas para construir confianza, el gobierno de Obama estableció una relación de defensa con base en esta, lo cual permitió expandir la cooperación más allá del contraterrorismo y las operaciones contra el narcotráfico, hacia un compromiso estratégico más amplio, incluidas las iniciativas en Centroamérica, la ayuda humanitaria, la asistencia en casos de desastres y la preservación de la paz mundial.

Al poner en peligro la cooperación en el tema del narcotráfico entre Estados Unidos y México, el presidente Trump se arriesga a escupir para arriba. Ha declarado que la epidemia de opiáceos es una emergencia de salud pública y su estrategia desacertada de enfrentar el suministro requiere de la colaboración de México.

Más del 90 por ciento de la heroína que hay en Estados Unidos se produce o pasa por México. Del mismo modo, México es un importante punto de tránsito del fentanilo, un mortífero opioide sintético, y el principal punto de tránsito de la cocaína que ingresa a Estados Unidos. En México, la misión de hacer cumplir las leyes antidrogas queda a cargo del ejército e incluye el combate contra los carteles y la erradicación de la amapola. Trump haría bien si escuchara a la lideresa del Comando Norte de Estados Unidos, Lori Robinson, quien en su comparecencia ante el Congreso en 2017 destacó que la colaboración con las fuerzas armadas mexicanas es sólida y fundamental para el combate en contra del tráfico ilícito.

Otra prioridad de Trump ha sido reducir el flujo de inmigrantes indocumentados. Durante la administración de Obama, Estados Unidos y México comenzaron las conversaciones para encontrar de manera conjunta la forma en la que se podrían abordar las causas de la migración desde Centroamérica: la violencia, la falta de oportunidades económicas y las frágiles instituciones gubernamentales.

La mayoría de los migrantes que cruzan la frontera sur no provienen de México, sino de los países en conflicto que se encuentran en el Triángulo Norte: El Salvador, Guatemala y Honduras. El diálogo entre México y Estados Unidos se enfocó en encontrar la manera de fortalecer las instituciones de defensa de Centroamérica, lo cual no solo aumenta la eficacia militar, sino también la transparencia y la rendición de cuentas.

Lo anterior tiene una importancia fundamental dado que las fuerzas armadas han asumido el papel de hacer cumplir la ley en una buena parte de la región. Se necesitará un esfuerzo coordinado de la comunidad de las naciones del hemisferio occidental para enfrentar la triple amenaza del crimen, la pobreza y las instituciones débiles. La encuesta AmericasBarometer de 2017 informa que más de la mitad de los habitantes del Triángulo Norte temen ser víctimas de un homicidio. Esta impactante cifra sirve para explicar por qué la gente de esos países tiene un creciente deseo de migrar. Si se quiere evitar una crisis democrática en nuestro hemisferio, es crucial seguir cooperando con México.

México también ha ayudado con el trabajo sucio de las detenciones. La crisis de la migración de niños sin la compañía de adultos que hubo en 2014 habría sido mucho peor sin la ayuda de México en las principales rutas de contrabando. Según el centro de estudios Migration Policy Institute, México es responsable de más del 40 por ciento de los arrestos de las personas que buscan ingresar a Estados Unidos. Aunque no es el principal responsable, el ejército mexicano ha sido parte del esfuerzo en la frontera que ha realizado la Secretaría de Gobernación junto con Guatemala y Belice. Sin embargo, incluso con la ayuda de México, persiste el flujo de niños migrantes, lo cual enfatiza la necesidad de concentrarse en las raíces del problema en lugar del síntoma.

La muerte y destrucción que provocaron los huracanes Harvey, Irma y María ponen al descubierto la importancia de nuestra naciente cooperación en ayuda humanitaria y apoyo en casos de desastres, las cuales son más urgentes que nunca debido a las consecuencias del cambio climático. Estas calamidades ambientales representan otro desafío para la estabilidad en la región; el ejército mexicano ha sido uno de los principales exportadores de conocimiento y asistencia técnica respecto de la ayuda en caso de desastres. Como anfitrión de la Conferencia de Ministros de Defensa de las Américas de 2018, México está trabajando de cerca con naciones como Chile y Canadá para desarrollar una política de ayuda en casos de desastres a nivel del hemisferio. Estados Unidos debería ser parte de esa iniciativa.

Esperemos que luego de sentarse con sus contrapartes mexicanas y canadienses en la quinta ronda de negociaciones del TLCAN, el equipo de negociación de Trump comprenda que hay mucho más en juego que el acuerdo comercial. Incluso si se deseara y fuera posible reducir el déficit comercial de 63 000 millones de dólares con México abandonando el TLCAN, no vale la pena poner en riesgo la cooperación multifacética que fomenta la estabilidad en el hemisferio y la seguridad de Estados Unidos.


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