Escribe: Ps. Silvana Alvarez Loayza
Por supuesto que el papá es también muy importante en la crianza de los hijos.
Pues estos héroes sin capa tan propios de la infancia, marcan nuestro norte para toda la vida, convirtiéndose así en otro modelo cuando crezca.
El papá es por lejos sinónimo de diversión, fortaleza y dulzura. Es ese hombre robusto que comenzó sosteniéndome con temor de hacerme daño al verme tan pequeño e indefenso, tan frágil. Sin embargo, es un ser que se reinventó para cargarme con extremo cuidado de bebé y que, hoy en día, aún sostiene mi corazón.
El papá equivale a miles de negociaciones con resultados muy diversos, pero también, cientos de caprichos cumplidos. Es la calma y la frialdad ante cualquier problema o inconveniente. La brújula, las narraciones nocturnas, las tardes de fútbol o de pesca. No obstante, representa mucho más…
Es contención en su máxima potencia
El padre es un par de brazos fornidos dispuestos a dar los más sanadores y reconfortantes abrazos, sea para intentar modelarme como persona al expresar su profundo amor y hacer sentir que es amado, o bien volver a armar cuando se siente destruido ante alguna cachetada de la vida.
El papá siempre ha funcionado como una brújula en la vida de los hijos. Siempre que estés confundido, recurre a él por sus sabios consejos al calor de las más certeras y pertinentes palabras. Él es quien funciona como el tutor de las plantas en tanto que marca nuestra dirección. Incluso, él es esa palabra o muestra de amor justa, que llega en aquellos momentos en que más se lo necesita, incluso con sus muestras de afecto, es ejemplo de cómo se debe tratar a una mujer y enamorarla todos los días.