Redacción: G.F.S.F
El río Tambo ubicado en la provincia de Islay, presenta en las últimas semanas una coloración amarilla inusual que ha encendido las alertas por posible contaminación con metales pesados. Aunque el problema no es reciente, especialistas advierten que la persistencia de este fenómeno evidenciaría fallas en el manejo y remediación de pasivos mineros en la zona altoandina.
De acuerdo con el ingeniero geólogo Otto Hito, la coloración actual no responde únicamente a factores naturales. Si bien en la cuenca existen fuentes geotérmicas que liberan minerales como hierro, manganesio o arsénico, estos han estado presentes históricamente sin alterar visiblemente el color del agua. “La coloración amarilla aparece después del 2015 y se le atribuye a la actividad minera”, sostiene.
El origen del problema se ubica en la parte alta de la cuenca, en Moquegua, donde operó la unidad minera Florencia-Tucari, de la empresa Aruntani. Tras culminar sus operaciones, quedaron pasivos ambientales como relaves, desmontes y residuos químicos que, durante la temporada de lluvias, son arrastrados hacia los ríos mediante filtraciones y escorrentías. Este proceso permite que los contaminantes desciendan progresivamente hasta llegar al río Tambo.
La responsabilidad de la actividad minera no solo se plantea desde el ámbito técnico. Una investigación periodística de Carlos Herrera reveló que el Poder Judicial ordenó a la empresa Aruntani pagar una reparación civil de 4.5 millones de soles por la contaminación de ríos en Moquegua y Arequipa. Esta decisión se basó en informes de entidades como la Autoridad Nacional del Agua (ANA) y el OEFA, que confirmaron la presencia de contaminantes vinculados a la operación minera.
Pese a ello, el problema persiste. La remediación de estos pasivos ambientales, que debería ser ejecutada por el Estado a través de Activos Mineros, no ha logrado revertir los efectos de la contaminación. Para especialistas, esta situación refleja una falla estructural: los residuos siguen expuestos y continúan siendo arrastrados hacia los cuerpos de agua.
Las consecuencias ya son visibles. Según Hito, se ha reportado la muerte de truchas en la parte alta del río, la disminución de camarones y afectaciones a la actividad agrícola. Además, advierte que la presencia de metales pesados podría extenderse hasta el mar, ampliando el impacto ambiental.
El problema también fue constatado por la Municipalidad Provincial de Islay, que realizó una inspección en distintos puntos del río y verificó la alteración en el color del agua. La entidad levantó un acta para iniciar acciones ante organismos ambientales del gobierno central, ante el riesgo que representa para la salud y la producción agrícola.
Pese a que el proyecto Florencia-Tucari se encuentra actualmente paralizado, la problemática podría agravarse en los próximos años. Según el ingeniero geólogo Otto Hito, existe la proyección de reactivar la actividad minera mediante nuevos proyectos, como “Acumulación Mariela”, que incrementaría significativamente el volumen de extracción. En términos simples, esto implicaría remover una mayor cantidad de material, lo que podría generar más residuos y, en consecuencia, aumentar el riesgo de contaminación en la cuenca del río Tambo.
El río Tambo es una fuente vital para el sur del país, ya que abastece de agua a poblaciones, actividades agrícolas y ganaderas. En ese contexto, la persistencia de su contaminación no solo representa un problema ambiental, sino también una amenaza económica y social. Mientras no se implementen soluciones efectivas para el tratamiento de los pasivos mineros, la coloración amarilla del río continuará.

