Redacción: Alexandra Sanca
El Pleno del Congreso de la República aprobó por insistencia el dictamen que modifica la Ley 24666, norma que rige al Colegio Profesional de Antropólogos del Perú (CPAP). Con 72 votos a favor, 15 en contra y 3 abstenciones, la iniciativa legislativa amplía los fines y las competencias de la institución, abriendo un profundo debate técnico y político sobre el futuro de las ciencias sociales, la lucha contra la informalidad y la gestión de proyectos de inversión en el país.
La reforma introduce cambios sustanciales en el ejercicio profesional, destacando la obligatoriedad de la colegiatura y la habilitación para el desempeño de funciones clave. Asimismo, reconoce formalmente especialidades de alta exigencia científica como la antropología forense y el peritaje cultural, al tiempo que promueve la descentralización a través de consejos regionales con mayor autonomía.
De «registrar nombres» a ser un «doctor social»
Para los defensores de la norma, este paso representa una transición fundamental para el gremio. Al respecto, la Lic. Jessyca Marisol Quispe Mamani (CPAP 2599), antropóloga, perito de parte y miembro del área de economía del Colegio de Antropólogos de Arequipa, explica que la ley permite que la institución evolucione de manera drástica.
«Esto significa que el colegio ya deja de ser solo una entidad que registra nombres. Puede así convertirse en un «doctor social» donde toma ya decisiones y participa en algunas políticas públicas. Ahora el colegio tiene el mandato de vigilar que la práctica antropológica sea ética y, asimismo, también sea técnica», afirma Quispe Mamani.
Un punto clave de la reforma es la participación obligatoria de estos profesionales en estudios socioambientales, proyectos públicos y la gestión de conflictos sociales. Históricamente, muchos estudios de impacto ambiental han sido ejecutados por profesionales de otras áreas que carecen de la formación pertinente para entender las dinámicas culturales a profundidad.
La especialista resalta que cada cultura establece un vínculo único con su medio ambiente y que esta incorporación
«garantiza que el factor humano no se vea solo como una estadística, sino también sea un eje central del desarrollo (…). No hay un proyecto sostenible sin un análisis previo que sea un análisis cultural».
El debate sobre la colegiatura obligatoria y la regulación laboral
A pesar de los argumentos gremiales, la obligatoriedad de la colegiatura generó serios reparos en un sector del Parlamento (bancadas como Avanza País), donde se advirtió sobre el riesgo de reducir el mercado laboral o introducir trabas burocráticas adicionales en obras y municipalidades, además de una posible exclusión de otras disciplinas afines como la sociología.
Frente a estas críticas, la representante del Colegio de Antropólogos de Arequipa defiende firmemente la medida como un mecanismo de protección ante la informalidad y la falsificación de títulos en el país:
«Así como los médicos necesitan colegiarse (…) ¿por qué desmerecer una carrera de las ciencias sociales a que no sea legalmente constituida? La colegiatura no restringe el trabajo; al contrario, lo profesionaliza y lo protege de la informalidad, enfatiza.
Impacto en las regiones: El panorama para Arequipa
La normativa contempla la descentralización mediante consejos regionales, una medida que busca otorgar autonomía en la gestión de recursos y fortalecer la presencia del gremio al interior del país.
Desde la sede de Arequipa, la expectativa es alta. La Lic. Jessyca Quispe señala que esta ley se convertirá en un «motor de autonomía» que les permitirá gestionar mejor sus recursos y ofrecer mejores servicios a sus colegiados. El objetivo principal a nivel regional es potenciar la capacidad de fiscalización local y lograr que la institución sea consultada de manera formal por el Gobierno Regional y las municipalidades en proyectos clave.
Finalmente, este escenario deja abierta una discusión más amplia sobre cómo el Perú entiende hoy el desarrollo. La discusión demuestra que el crecimiento económico por sí solo no es suficiente si no va de la mano con un entendimiento técnico y humano de la pluriculturalidad peruana. En palabras de la especialista: «Para avanzar, primero debemos comprendernos, entendernos, ser empáticos… y la vista tiene que ser conjunta, pero también con respeto, ya que somos diversos».

