Escribe: Ps. Silvana Alvarez Loayza
El impacto del ejercicio en la salud mental va más allá de lo químico. A nivel psicológico, practicar actividad física regularmente puede: Reducir los síntomas de ansiedad y depresión. Aumentar la autoestima y la confianza en uno mismo.
Mejorar la calidad del sueño. Fomentar un sentido de logro y disciplina. Ofrecer una oportunidad para socializar y combatir el aislamiento.
¿Qué tipo de ejercicio es mejor?
No existe una fórmula mágica, lo más importante es encontrar una actividad que disfrute y que se ajuste a su estilo de vida. Aquí hay algunas opciones: Ejercicios aeróbicos: correr, nadar o bailar, son ideales para liberar endorfinas y mejorar la salud cardiovascular.
Entrenamiento de fuerza: ayuda a construir confianza y a manejar mejor el estrés. Yoga y pilates: combinan movimiento con técnicas de respiración y relajación, ideales para reducir la ansiedad.
Caminatas: incluso un paseo tranquilo puede hacer maravillas para su mente.
Cómo empezar y mantener el hábito
Lo que más cuesta con el ejercicio siempre es el empezar, aunque luego entrará en rutina y cada día será más fácil iniciar la actividad. Incluso su propio cuerpo le acabará pidiendo que le de su dosis de deporte. Igualmente, si le cuesta arrancar, puedes recurrir a estas cuatro pautas: Establece metas realistas: No necesita entrenar como un atleta. Comienza con 10-15 minutos al día y aumenta gradualmente.
Hágalo divertido: Elige actividades que realmente disfrutes. Bailar en casa o jugar con tus hijos también cuenta como ejercicio.
Encuentre un compañero: Tener a alguien con quien ejercitarte puede motivarte a ser constante.
Sé amable contigo mismo: Habrá días en los que no tengas ganas y está bien. Lo importante es volver a intentarlo.