Mientras el Mundial 2026 paraliza ciudades enteras y moviliza emociones en millones de personas alrededor del planeta, el Perú vuelve a observar la máxima fiesta del fútbol desde fuera. Sin embargo, la ausencia de la selección no ha apagado una pregunta que trasciende la cancha: ¿por qué el fútbol sigue ocupando un lugar tan importante en la identidad emocional de los peruanos? La respuesta no parece estar solo en el deporte, sino en lo que este representa: pertenencia, escape emocional, orgullo colectivo y también frustración compartida.

El partido como pausa colectiva
Durante un partido de la selección, el país parece unirse en un solo instante. Las diferencias políticas, sociales y económicas pierden peso frente a una misma emoción. El fútbol se convierte en un lenguaje común. Sin embargo, este fenómeno no es permanente, sino un estado emocional que aparece y desaparece con último sonido del silbato.
El fútbol funciona como un refugio emocional capaz de generar una identidad colectiva temporal en una sociedad marcada por la polarización política, la crisis institucional y la necesidad constante de esperanza.
El fútbol como espejo de la sociedad
Desde la mirada del periodismo deportivo, el fútbol también refleja la fragmentación social del país. El periodista deportivo Franklin Quispe Asencio, narrador de fútbol en medios radiales y digitales y una de las voces del periodismo deportivo en el sur del país, ante la pregunta, si el fútbol realmente nos une como sociedad o solo actúa como un analgésico temporal, sostiene que:
“Actualmente te diría que al contrario, fragmenta más. Por ejemplo, cuando Perú no está en el mundial, se ve una división. En cambio, en el 2018, cuando sí clasificó, todo el mundo se juntaba, paralizaban sus actividades, cerraban calles para ver a su selección”.

Para Franklin la unión depende directamente de los resultados, “Si Perú gana, todos somos peruanos, nos unimos. Perú pierde y empezamos otra vez con la división. El fútbol influye bastante en el actuar y en el sentimiento del peruano”.
Y añade sobre la experiencia del partido: “Durante esos 90 minutos, los apasionados por el fútbol se olvidan completamente de lo que pasa alrededor y se enfocan en el partido. Pero cuando termina, vuelven los problemas: trabajo, salud, economía”.
Entre la pasión y la frustración: La ilusión del hincha
El fútbol también reproduce las tensiones del país en la tribuna y fuera de ella. El periodista Quispe Asencio explica: “El fútbol refleja completamente lo dividido que estamos. Así como en la política te dicen: si eres de izquierda eres «tal» y si eres de derecha eres «cual», en el fútbol pasa igual; los insultos entre hinchas, la rivalidad que trasciende la cancha”.

La relación de las barras con la selección está marcada por la expectativa constante y la decepción recurrente. “La ilusión del hincha nace en la esperanza, alimentada por los medios de comunicación. Pero con el tiempo, golpe tras golpe, la decepción empieza a crecer”. Esto genera un desgaste emocional progresivo: Ya te sientes defraudado, empiezan frases como «no esperaba nada de esta selección y aún así me sigue decepcionando«.

La normalización de la derrota
Uno de los elementos más arraigados en el imaginario futbolero peruano es la normalización de la derrota: Siempre decimos «jugamos como nunca y perdimos como siempre». Pero con eso tapamos las falencias. De ese modo se mantiene viva la ilusión del siguiente proceso”.
En ese sentido, el discurso del esfuerzo muchas veces reemplaza al resultado: “Terminamos alimentando una especie de mediocridad, donde se valora más el esfuerzo que el resultado” sostiene el periodista deportivo Franklin Quispe Asencio.
La necesidad de pertenencia
Desde la psicología, la necesidad de pertenecer a un grupo es fundamental para comprender por qué el fútbol moviliza tanto a los peruanos. En ese sentido, la Mgtr. Lucero García, magíster en Psicología Clínica de la Infancia y la Adolescencia por la Universidad Internacional de Valencia, sostiene que:
“Es importante ya que el ser humano es social por naturaleza y necesita de vínculos, reconocimientos y sobre todo sentirse parte de algo, lo cual aporta sentido y estabilidad emocional. Cuando una persona se siente identificada con un grupo o causa; experimenta mayor bienestar y seguridad emocional”.
Asimismo, agrega: “Las personas buscan espacios de pertenencia colectiva porque son una fuente de bienestar psicológico, ya que comparten experiencias y emociones sintiéndose comprendidos y acompañados. En esta época marcada por el estrés, la incertidumbre y la hiperactividad digital, estos espacios ofrecen la experiencia de conectar y compartir emociones reales con otros, como en el fútbol donde se dejan de lado diferencias políticas, económicas y culturales”.

Héroes, símbolos y expectativas colectivas
El fútbol no solo genera pertenencia, también construye figuras que representan sueños colectivos. Este fenómeno responde a la necesidad humana de encontrar referentes que encarnen aspiraciones personales y sociales.
La Mgtr. Lucero García explica: “Los referentes o héroes colectivos se relacionan con la identidad de las personas. El ser humano busca modelos que le inspiren y le ayuden a creer en posibilidades positivas. Por ello suelen identificarse con personas que reflejan aquello que anhelan, ya que estos personajes representan historias de esfuerzo y superación, haciendo que las personas proyecten en ellos sus sueños y expectativas a futuro”.
La unidad que dura solo 90 minutos
Sin embargo, la cohesión emocional que genera el fútbol no siempre se traduce en cambios sostenidos. Sobre ello, la especialista advierte: “Por lo general estas emociones son temporales, motivan a cambios positivos, pero no se transforman en acciones concretas o cambios sostenidos en la vida diaria, por lo que desaparecen con el tiempo”.
Y añade una condición clave para su permanencia: “La clave está en convertir la emoción en hábito y la esperanza en acciones concretas. La experiencia compartida debe transformarse en prácticas de cooperación, solidaridad y compromiso colectivo”.
La mirada desde el campo de juego
Desde la experiencia directa en el fútbol, la lectura se completa con una visión más práctica del juego y su impacto social. Pedro Jesús Requena Secada, exfutbolista y entrenador peruano de fútbol, explica el valor formativo del deporte: “La labor principal es darles a los jóvenes el alcance de la importancia que tiene la actividad física, no solamente el fútbol. El ser humano necesita una formación más completa, no solo estar sentado frente a una computadora”.

Sobre el carácter colectivo del fútbol, añade: “El deporte colectivo nos enseña esa situación de vivir en grupo, de resolver colectivamente, porque no siempre uno tiene la razón. Hay que consultar con compañeros y resolver circunstancias adversas”.
El fútbol como representación nacional
El fútbol también adquiere un valor simbólico cuando el jugador representa al país. El exfutbolista señala: “Cuando estamos en edad escolar, o hemos pasado por ella, solemos recordar experiencias como las formaciones de los lunes, donde en colegios nacionales, por ejemplo, teníamos que cantar el himno nacional todos los días. Sin embargo, al ser una rutina diaria, muchas veces esto no generaba un impacto profundo en los estudiantes. En cambio, cantar el himno nacional en el contexto de una competencia deportiva es completamente distinto. En ese escenario, la experiencia adquiere una carga emocional mucho más intensa y significativa; se convierte en un momento realmente increíble»

Finalmente, el fútbol expone una tensión constante entre la pasión y la frustración. “Somos demasiado eufóricos y muchas veces no razonamos de forma correcta. Hay que entender que el rival también se prepara y que el deporte implica respetar el resultado”.
El Perú se une en 90 minutos
En el Perú, el fútbol es mucho más que un deporte: es un reflejo emocional del país. En él conviven la esperanza, la frustración, la necesidad de pertenencia y también la manera en que una sociedad canaliza sus tensiones más profundas.
Durante los 90 minutos de un partido, el país se detiene y se une en una misma emoción colectiva. Sin embargo, esa unidad es momentánea. Al finalizar el juego, regresan las divisiones, la desconfianza institucional, la polarización política y las brechas sociales que atraviesan la vida cotidiana.

Las voces recogidas en este reportaje coinciden en un punto clave: el fútbol no crea esas fracturas, pero sí las refleja. Para el hincha, puede ser escape y desahogo; un espacio de pertenencia y alivio emocional. Sin embargo, también el fútbol es un espejo de la forma en que el país siente, se organiza y se divide.
Entre la pasión y la frustración, el Perú vuelve una y otra vez al mismo ritual. Porque más allá de los resultados, el fútbol sigue siendo uno de los pocos escenarios donde el país se permite sentirse unido, aunque solo sea por un instante.
Redacción por: Alexandra Sanca – Jessimiel Rosas

