La crisis del INPE ha desbordado los penales que se ubican en la región Puno. El sábado en la noche un interno del establecimiento penitenciario de Alto Puno recibió 16 puñaladas en el tórax. La seguridad es una utopía.
Las cárceles de la región Puno volvieron a convertirse en escenarios de muerte. En menos de dos semanas, dos internos fueron asesinados en los penales de Juliaca y Puno, mientras que la noche del sábado otro reo terminó acuchillado dentro del establecimiento penitenciario puneño. La violencia ya no es un hecho aislado: es el reflejo de un sistema penitenciario colapsado, perforado por el hacinamiento, el ingreso de armas y las sospechas de corrupción interna, en un sistema que los gobiernos de turno no han podido resolver. La reorganización del Instituto Nacional Penitenciario (INPE) es un anuncio de larga data que ha quedado en promesa.
El caso que más estremeció a la región fue el asesinato del interno César Velásquez Montoya, conocido como ‘Chino Malaco’, ultimado con un arma de fuego dentro del penal de Juliaca. El crimen dejó al descubierto una pregunta demoledora: ¿cómo ingresó una pistola a un recinto de
máxima seguridad?
Tras el homicidio, fiscales y policías ejecutaron una requisa de emergencia en el penal juliaqueño. El resultado fue alarmante. Se hallaron dagas, cuchillos, navajas, hojas de afeitar, cordones y objetos punzocortantes escondidos en “caletas” improvisadas dentro de las celdas. La fiscal
de Prevención del Delito, Marifé Añasco, reveló que se retiraron más de dos sacos de rafia llenos de armas blancas.
«OJO AL PIOJO»
La representante del Ministerio Público cuestionó duramente la seguridad penitenciaria y advirtió
posibles responsabilidades dentro del propio INPE. Sus declaraciones apuntaron a lo que muchos sospechan desde hace años: que las cárceles dejaron de estar bajo control absoluto del Estado.
Pero el problema va mucho más allá de un solo penal. Según información oficial del INPE, el penal de Juliaca soporta uno de los peores niveles de hacinamiento de la región altiplánica. El recinto tiene capacidad para apenas 420 internos, pero alberga a mil 443 reclusos. Es decir, opera con una sobrepoblación del 244 %.
El propio director regional del INPE Altiplano Puno, Richard Leonardo Carhuaz, reconoció públicamente la gravedad de la situación al anunciar un “plan de reordenamiento inmediato” para los penales de Juliaca, Puno, Lampa y Challapalca. El funcionario informó sobre el traslado de internos de alta peligrosidad y cabecillas de bandas criminales hacia el penal de Challapalca, mientras otros reos eran derivados al penal de Puno para aliviar la sobrecarga penitenciaria. Sin embargo, los traslados no parecen haber frenado la violencia.
CONTINÚAN PROBLEMAS
Las requisas continúan revelando que dentro de las cárceles circulan drogas, celulares y armas artesanales. Hace apenas unos días, agentes penitenciarios descubrieron cocaína y marihuana escondidas en plumones y envases de desodorante en el penal de Juliaca. El hallazgo ocurrió en el pabellón de máxima seguridad.
La magnitud del problema también se refleja en las cifras nacionales. El INPE informó que entre julio y diciembre de 2025 se realizaron cerca de 4 mil100 requisas en cárceles del país. En esos operativos se decomisaron 950 celulares, mil 400 accesorios telefónicos y alrededor de 4 mil 500 armas punzo cortantes.
Las cárceles del altiplano se han convertido en auténticas bombas de tiempo. Internos hacinados, pabellones saturados, objetos prohibidos circulando y personal penitenciario bajo sospecha configuran un escenario explosivo.
Cada requisa confirma lo que los asesinatos evidencian: el control dentro de algunos penales parece haberse debilitado peligrosamente.
Mientras tanto, las familias de los internos viven entre el miedo y la incertidumbre. La violencia ya no solo amenaza a los reclusos, sino también a trabajadores penitenciarios, abogados,policías y visitantes.
En los pasillos oscuros de los penales de Puno y Juliaca, la pregunta ya no es si volverá a ocurrir otro ataque. La verdadera pregunta es ¿cuándo?
CIFRA: Puñaladas a la altura del tórax recibió el interno Perci C.V. (49), al inte
rior del establecimiento penitenciario de Alto Puno. Ahora mismo lucha por su vida en el área de emergenciadel hospital de Puno.
Redacción: Javier Calderón

